Los granos de cereales y leguminosas son alimentos muy saludables, pero con bajo contenido en agua, ricos en hidratos de carbono complejos y proteínas, por lo que no deben consumirse crudos.

El consumo de brotes, o germinados, en la cultura culinaria asiática, es básico para conseguir una alimentación equilibrada, rica en minerales, vitaminas y aminoácidos esenciales. Desde hace miles de años es, de hecho, uno de los secretos de su longevidad y buena salud. Pero…

¿Que poseen los brotes para ser tan saludables?

Un poco de ciencia. Las diastasas, son enzimas que se activan en el momento del desarrollo de la nueva plántula, ayudan a descomponer los hidratos de carbono convirtiéndolos en azúcar, a metabolizar la fibra la proteína y la grasa, lo que  hace a los brotes más nutritivos y fáciles de digerir con respecto a las legumbres convencionales. Aportan muy pocas calorías y además, comiendo germinados, damos al organismo parte de la energía vital intrínseca de la planta.

Son ricos en vitaminas y minerales y  los podemos asimilar y digerir fácilmente. Además poseen toda la gama de aminoácidos esenciales, proporcionando una muy buena calidad de proteína.

Los brotes de lentejas, garbanzos y judías son excelentes fuentes de vitamina C, casi seis veces más con respecto al grano seco.

Los germinados de guisantes poseen un alto porcentaje de beta caroteno, un precursor de la vitamina A.

Además los brotes, son ricos en calcio, potasio, hierro y oligoelementos como el yodo, el zinc, el selenio, el silicio, el cromo y el cobalto.

Su sabor varía. Por ejemplo, los germinados de lenteja, son crujientes y bastante neutros y los de rábano y mostaza, tienen un delicioso toque picante ¡Hay para todo los gustos!

Algunos datos nutricionales que te interesarán sobre los germinados más populares

Los germinados de alfalfa, son remineralizantes, y tonificantes. Ayudan a combatir estados de fatiga y debilidad general. Contienen vitamina A, B, C, E y K, minerales esenciales como calcio, magnesio, potasio, hierro, selenio y zinc, Contiene todos los aminoácidos esenciales: Fenilalanina, Isoleucina, Leucina, Lisina, Metionina, Treonina, Triptófano, Valina, Arginina e Histidina. Además posee otros aminoácidos no esenciales como Asparagina, Tirosina, Alanina, Ácido aspártico, Serina, Cistina, Cisteína, Glicina, Prolina, Ácido glutámico. Posee, entre otras, dos importantes enzimas digestivas: la Lipasa, que hidroliza las grasas, y la Amilasa, que descompone los almidones y los hace digeribles. Como puedes intuir, la alfalfa es un germinado que nunca debería faltar en tu nevera ni en ninguna recetas vegetariana, o ensalada.

Los germinados de arroz integral, ricos en vitamina B, fósforo, potasio, magnesio, sodio, calcio y silicio, son perfectos para ayudar la conservación de huesos, ligamentos, articulaciones, dientes y su proceso digestivo es mucho más rápido que los granos cocinados.

Los germinados de avena, contienen vitaminas del grupo B y vitamina E, además de proteínas, carbohidratos, fibra, minerales y un alto contenido en silicio, necesario para el desarrollo de las estructuras musculares, cerebrales y nerviosas. Muy recomendable para trastornos nerviosos, depresiones y alteraciones del sueño.

Los germinados de berro, son ricos en hierro, fósforo, manganeso, cobre, zinc, yodo, calcio y vitaminas A, B2, E y C, depuran la sangre, neutralizando el exceso de toxinas y son altamente antioxidantes.

Los germinados de fenogreco, contienen abundante fósforo y hierro, son un excelente limpiador sanguíneo y depurativo renal, estimulando las funciones digestivas y hepáticas. Además, al neutralizar las toxinas, suavizan el olor corporal.

Los germinados de garbanzos, son ricos en carbohidratos, fibra, calcio, proteínas, magnesio, potasio y vitaminas A y C, y además, no producen gases durante la digestión, como sucede con los granos secos.

Los germinados de lentejas, además de tener una deliciosa textura crujiente, son ricos en proteínas, vitamina C y hierro, fortalecen la estructura y retrasan el envejecimiento celular.

Los germinados de mostaza, tienen un toque suavemente picante. Son ricos en vitamina C, proteínas y lípidos. Estimulan el sistema intestinal, haciéndolos perfectos para tratar trastornos digestivos.

Los germinados de rábano, son desintoxicantes y muy ricos en calcio ya que 100gr poseen 50mg de este mineral. Contienen abundante clorofila, que equilibra y restablece los valores correctos del plasma.

En general los germinados, aportan muchos beneficios al organismo:

  • Favorecen los procesos de desintoxicación, depuración y eliminación de residuos almacenados en los tejidos o en la sangre.
  • Combaten la acción de los radicales libres por su acción antioxidante.
  • Facilitan la digestión, activan los procesos de regeneración del aparato digestivo y revitalizan los mecanismos metabólicos.
  • Mejoran el funcionamiento intestinal, alivian el estreñimiento, ayudan a restablecer la flora intestinal y contribuyen a eliminar desechos.
  • Tonifican el sistema nervioso.

¿Cómo hacer germinados en casa?

Necesitas:

1 frasco de germinación (en internet encontraras varios tipos. Los que nosotros preferimos son los de cristal con la tapa a rejilla, o los saquitos para germinados) para cada semilla que vas a germinar.

3 cucharadas de legumbres, granos o semillas a elección, que estén frescas y si es posible, orgánicas. Puedes poner más, si quieres, pero ten en consideración que aumentarán su tamaño unas tres veces.

1/2 litro de agua.

Destinar un espacio seco y oscuro para la germinación.

Preparación:

Lava las legumbres, granos o semillas y ponlas a remojar en un frasco con el ½ litro de agua (pon un solo tipo de semillas por frasco, ya que cada una germinará de forma distinta)

Deja el frasco en un lugar oscuro y cálido, de 5 a 12 horas para las semillas más pequeñas como la alfalfa o el fenogreco, y de 12 a 15 horas para las semillas más grandes como lentejas, garbanzos o soja.

Pasado el tiempo, escurre el tarro y enjuaga bien con agua a temperatura ambiente. Deja escurrir toda el agua posible por la rejilla. No te preocupes si queda un poco ya se colará ella sola después.

Coloca el frasco inclinado, verás que viene con una base y con un pedestal de acero. Enjuaga y escurre las semillas cada 12 horas. Asegúrate de seguir estos pasos, de lo contrario, podrían crearse hongos por el exceso de agua y moho por la falta de aire.

Al pasar los días, verás brotar tus semillas, cuando tengan de 2 a 3 centímetros de largo, exponlas  indirectamente a la luz para que las hojitas se pongan verdes.

Terminado el proceso de germinación, extiéndelos sobre un paño seco y limpio para quitarle el exceso de humedad. Conserva los brotes refrigerados, bien escurridos y secos. Pueden durarte hasta una semana.

Si quieres, puedes eliminar las cáscaras de las legumbres antes de comerlas, para eso, coloca tus germinados dentro de una cubeta con agua, la cáscara flotará y la podrás retirar con un colador.

De todas formas, no te preocupes, hay una infinidad de tutoriales paso a paso en la red, para que te sea muy sencillo visualizar el proceso.

Atrévete a experimentar  ¡Llega a ser un vicio!